Evaluacion del paciente en Estado Critico. Modulo 5
EVALUACIÓN DEL PACIENTE CRITICO ANTES DEL TRANSPORTE AEROMEDICO
Investigación realizada por: Dra. Silvia del Carmen Martinez Ruiz.
En la actualidad el transporte del paciente crítico es una necesidad real, dado que en muchas ocasiones representa la única opción de brindarle al paciente una atención médica de alta prioridad en centros hospitalarios especializados, lo cual siempre habra de ser precedido por la evaluación de los posibles riesgos contra los potenciales beneficios del traslado.
Este tipo de transporte requiere de una formación específica en el medio aéreo asi como experiencia en el manejo de determinadas patologias, ademas es fundamental la adaptación al espacio de la cabina, y el manejo del soporte asistencial que conllevan estas evacuaciones (monitores, ventiladores, oxigenoterapia, incubadoras, drenajes, bombas de infusión, fluidoterapias, etc.).
Debemos conocer aspectos fisiopatológicos y de preparación para aerotransportar al paciente en estado critico, así como los efectos que este puede tener en el paciente
Debemos conocer aspectos fisiopatológicos y de preparación para aerotransportar al paciente en estado critico, así como los efectos que este puede tener en el paciente
Aspectos fisiopatológicos
Los efectos del descenso de la presión atmosférica,
mediados por la altitud, son fundamentalmente de dos
tipos: los derivados de la expansión de los gases y los
relativos a la disponibilidad del oxígeno.
Disponibilidad de oxígeno
Aún cuando la proporción de los gases, que mezclados
forman el aire, puede considerarse constante a cualquier
altura de la troposfera (aproximadamente 21% de
oxígeno, 78% de nitrógeno y 1% de otros gases, entre
los que se encuentran el vapor de agua, anhídrido carbónico,
gases nobles, entre otros), las presiones parciales
de los mismos varían en función de la altitud sobre
el nivel del mar: (ley de Charles, ley de Boyle).
La fracción de oxígeno inspirado (FiO2) está pues en
función del porcentaje de oxígeno disponible y será, si
no se administra oxígeno suplementario, del 21%.
Sabemos que la presión atmosférica (Pa) decrece
con la altitud. Así, va desde 760 mmHg a nivel del
mar, hasta 380 mmHg a 18.000 pies, por lo que la presión
parcial de oxígeno (PO2) se modifica desde 159
mmHg a nivel del mar, hasta 80 mmHg a dicha altitud,
lo cual determina un deterioro de las presiones
alveolar (PAO2) y arterial (PaO2) de oxígeno, que pueden
ser agravadas en circunstancias patológicas.
La presencia cada vez más acentuada de anhídrido
carbónico (CO2) en el alveolo (que ejerce una presión
parcial proporcionalmente mayor a medida que
aumenta la altitud, al disminuir la PAO2) se hace evidente
de forma clínica a partir de 8.000 pies aproximadamente,
cuando el CO2 es desplazado del alveolo
(hiperventilación) en beneficio del oxígeno.
Los mecanismos por los que fisiopatológicamente
nuestro organismo trata de compensar estos parámetros
son fundamentalmente el aumento del gasto cardíaco
y la hiperventilación, lujos que, en ocasiones,
pueden provocar en un paciente enfermo la entrada en
una espiral de desestabilización.
En la cascada de oxígeno, debemos salvaguardar
de forma permanente un mantenimiento del oxígeno
mitocondrial por encima de los niveles de seguridad
que garantice las reacciones aeróbicas.
La deficiencia de oxígeno puede provocar en el
paciente una hipoxia hipoxémica que agrave su situación
previa. Con mayor frecuencia estas situaciones se
presentan en pacientes con:
– Enfermedades respiratorias agudas o crónicas.
– Trastornos isquémicos de cualquier lo
– Anemias importantes.
– Situaciones patológicas que determinen un aumento del consumo de oxígeno.
De acuerdo con lo referido, se deberá proceder a la modificación de la FiO2, suministrando oxígeno suplementario por los sistemas convencionales o mediante ventilación mecánica, de forma que durante el transporte se garantice una adecuada oxigenación en los pacientes críticamente enfermos. Todos estos aspectos deben ser controlados con una adecuada valoración clínica, gasométrica y hemodinámica del paciente con anterioridad a su evacuación, asegurando toda la serie de apoyos asistenciales necesarios, de acuerdo con los riesgos previstos: Vía aérea permeable espontánea o mecánicamente adecuada vía de entrada de líquidos, monitorización, sondaje uretral y nasogástrico y adecuación de drenajes, entre otros.
Cambios de volumen
Sabemos que en los gases Presión, Volumen/Temperatura
son siempre constantes. Por lo que, a temperatura
constante, una disminución de la presión se
sigue de un aumento proporcional del volumen.
En un transporte aéreo medicalizado, esta expansión
puede producir problemas a dos niveles diferenciados:
en el cuerpo humano y en el material utilizado.
Los cambios volumétricos en nuestro organismo
afectan a varios sistemas:
– Sistema gastrointestinal: Agravamiento de ileos,
producción de dehiscencias de suturas, ulceraciones
diverticulares, aumento de la presión diafragmática
por distensión abdominal.
– Sistema respiratorio: Agravamiento de los neumotórax
por aumento de su volumen, por lo que deben
tratarse con anterioridad al transporte. No es infrecuente
la rotura de bullas.
– Aumento de la presión intracraneal (PIC),
pudiendo presentarse a veces en traumatismo craneoencefálico,
descenso del nivel de conciencia que se
recupera al bajar la altura de vuelo.
– Se intensifican los edemas e incluso aparece edema
agudo de pulmón a grandes alturas.
– Las hemorragias intraparenquimatosas se acentúan.
– Oftalmología: Las estructuras oculares son muy
sensibles a los cambios de presión, por lo que las
heridas del globo ocular deben ser cuidadosamente
evaluadas antes de su evacuación.
– Estomatología: Hay que recordar que los abscesos
apicales producen gas que, al dilatarse, pueden
provocar fuerte dolor.
– Otros sistemas, como el auditivo: los oídos son
probablemente el área más comunmente afectada por
los cambios de presión.
Es necesario recordar también qué exploraciones que
utilizan gas como medio de contraste (neumoencefalografía,
neumoartrografía) practicadas recientemente
pueden desaconsejar una evacuación por medio aéreo.
Sobre el material utilizado o equipo técnico, las
alteraciones de volumen mediadas por la altitud afectan
de modo especial al equipamiento neumático, en
el sentido de modificar sus presiones, con el consiguiente
deterioro de su función si no son corregidas.
Se ven afectadas fundamentalmente las férulas de
inmovilización, los pantalones antishock, los balones
intratraqueales, los elementos de aspiración, así como
el contenido aéreo de los frascos de sueros.
Además de las alteraciones volumétricas de los
gases, y de la disponibilidad del oxígeno, otros factores
pueden afectar negativamente al transporte asistido:
– La aceleración y desaceleración pueden inducir
desplazamientos de líquidos y de masas dentro del
organismo, así como reacciones vagales, vómitos y
malestar general. Los mareos y los vómitos ocasionan serias complicaciones, no sólo al paciente, sino también
al personal encargado de su asistencia.
La aceleración-desaceleración
es baja en aviones y helicópteros
(0,1 g), resultando un transporte confortable en
comparación con una ambulancia terrestre que trepida
9 veces más (0,9 g). Este factor es importante en traumatismos
craneoencefálicos, politraumatizados y
accidentes embólicos.
– Las vibraciones biológicamente peligrosas se
sitúan entre los 4-12 Hz por conllevar fenómenos de
resonancia en órganos. Los helicópteros producen
vibraciones entre 12-28 Hz, según el número de palas
que tengan (a mayor número de palas, vibraciones de
más alta frecuencia y por lo tanto menos dañinas);
son, por tanto, vehículos sanitarios en este sentido
poco nocivos. Menos nocivas aún son las vibraciones
producidas en aviones (las de más altas frecuencias
–Hz–). Sin embargo, las ambulancias terrestres con 4-
16 Hz están en la zona más peligrosa. Las vibraciones
inducen efectos negativos en traumatismos craneoencefálicos
y accidente vascular cerebral .
– Ruidos: A pesar de las buenas condiciones de los
helicópteros para el transporte de pacientes, el nivel
de ruido en el interior de los mismos es francamente
alto (80-90 dB). Podemos aislar al paciente con cascos
auriculares, que permitan el contacto verbal.
El ruido
también impide auscultar y determinar la tensión arterial
con un fonendoscopio; por lo que la auscultación
deberá ser minuciosa antes de introducir al paciente en
el helicóptero y debemos llevar los aparatos de monitorización
adecuados para tomar presión sanguínea no
invasiva en el aparato. El nivel de ruido es menor en
avión y ambulancia detenida con el motor en marcha
(70 dB) y algo más en ambulancias en marcha a 40-90
Km/h. (75-80 dB).
– Los cambios bruscos de temperatura, el miedo por
lo inhabitual del medio, la ansiedad, la sed, el hambre e
incluso la necesidad de evacuar sus propios residuos,
pueden inducir alteraciones de la tensión arterial y
taquicardia, y aumento, en definitiva, del consumo de
oxígeno.
La tendencia a convulsionar es mayor en
pacientes predispuestos por la disminución de la tasa
metabólica de oxígeno, tanto primaria como secundaria;
así como por el efecto estroboscópico de las palas
del rotor principal (en helicópteros), por lo que se debe,
en estos individuos, proteger los ojos de la luz solar.
Del mismo modo, tienden a incrementarse las cifras de
tensión arterial y respuesta taquicardia a las anemias.
– Existen otros factores de tipo técnico que pueden
condicionar el transporte aéreo medicalizado: la adaptabilidad
del equipo médico, las limitaciones del espacio
interior, limitaciones en el acceso a la aeronave, accesibilidad
al paciente, suministro energético y material
electromédico (utilización de equipos blindados que no
introduzcan interferencias en los equipos de navegación
y en caso de tener que desfibrilar, el piloto tiene que ser
advertido con anterioridad, a fin de fijar sus equipos de
ayuda a la navegación durante ese tiempo).
Preparación del paciente para el transporte aéreo
Podemos decir que los medios aéreos son más confortables
que los terrestres, ya que poseen bajos niveles
de aceleración-deceleración y vibraciones, pero tienen
graves inconvenientes debido a la altitud, muy manifiesto
en aviones no presurizados y mínimos en helicópteros,
ya que la altura de vuelo es muy baja (500 a
1.500 m).
Por ello el vuelo en helicóptero a bajas cotas y en avión presurizado no tiene contraindicaciones claras, aunque es preciso tomar algunas medidas de precaución con carácter general que permitan detectar y corregir cualquier incidencia que deba ser compensada de forma inmediata antes del transporte:
Por ello el vuelo en helicóptero a bajas cotas y en avión presurizado no tiene contraindicaciones claras, aunque es preciso tomar algunas medidas de precaución con carácter general que permitan detectar y corregir cualquier incidencia que deba ser compensada de forma inmediata antes del transporte:
– Es prioritario estabilizar la vía aérea antes de
proceder al traslado del paciente.
– Es preciso determinar los gases arteriales en
todos los pacientes antes del vuelo y administrar oxígeno según sus necesidades y la altura prevista de
vuelo. Durante la Evacuación Aérea debemos monitorizar
la saturación de la hemoglobina por el oxígeno
mediante monitores de pulsioximetría, que nos orientarán
sobre la situación de los gases arteriales con las
debidas correcciones.
– Deben drenarse los neumotórax antes del transporte
y sustituir el sistema normal de drenaje torácico
por un aparato con válvula de un solo sentido.
– No se deben usar a grandes alturas sistemas
cerrados de drenaje; sin embargo, no presentan inconveniente
alguno los sistemas conectados a bolsa (sonda
nasogástrica –SNG–, sonda de Foley, etc.).
– Sangre y sueros deben ir en envases de plástico
que permitan infundir a presión y eviten los cambios
de presión en la cámara de aire.
– Control de la tensión por la onda de pulso
(monitorización).
– En algunos casos será preciso colocar una SNG.
También es conveniente la colocación de una sonda
uretral.
– Todos los pacientes llevarán monitorización ECG
y de constantes.
– Es necesario disponer de una vía venosa central o
dos vías venosas periféricas permeables de un calibre
apropiado. Si se precisa de ciertos fármacos para su estabilidad hemodinámica (aminas vasoactivas, etc.) la vía venosa central
será imprescindible (bien mediante abordaje directo o
a través de vía venosa periférica). Es muy
importante comprobar el estado de estas vías antes del
transporte y conseguir una buena fijación de éstas.
– Si es posible, antes del vuelo se practicará una
radiografía de tórax para conocer exactamente la
situación de drenajes y tubo endotraqueal.
– Es conveniente disponer antes de la evacuación
de un control de laboratorio que incluya al menos
hematocrito, Hb, glucemia e iones .
– Debe realizarse una comprobación de todos los sistemas
antes de la evacuación (preferiblemente en la aproximación
al lugar de origen), monitores, sistema de aspiración,
equipo de ventilación, bombas de perfusión, etc.
– Realizar una correcta inmovilización del paciente:
estabilización de cuello y espalda ante sospechas de
traumatismos medulares, movilización de los pacientes
en bandeja y en «camilla de tijeras o cuchara», disponer
de colchón de vacío y sábana isotérmica.
– Comprobar que se ha realizado una correcta
inmovilización de fracturas .
- Administrar sedación en el paciente con agitación psicomotriz.
- Realizar aspiración de la vía aerea a todos los pacientes con intubación endotraqueal o con traqueotomía antes del traslado.
- Transfundir a los paciente con Hg menor de 7g/dl antes del vuelo.
- Mantener la temperatura corporal del paciente en rangos adecuados.
- Revisar el adecuado funcionamiento deluipo medico, la existencia completa de los suministros médicos, medicamentos y soluciones parenterales.
El colegio Americano de Cirujanos ha establecido una serie de recomendaciones que sirven de guía para determinar la necesidad de transporte interhospitalario de pacientes críticamente enfermos a centros de traumatologia especializados:
- Lesión Neurológica con glasgow menor de 10 o lesión de la médula espinal
- Heridas penetrantes o fracturas de cráneo deprimidas o pacientes con signos neurológicos de focalización
- Sospecha de lesiones cardiacas o vasculares intratorácicas o traumatismo extenso de la pared torácica
- Pacientes en edades extremas (menor de 5 o mayores de 55 años de edad) o aquellos con alteraciones fisiológicas pre-existentes conocidas que requieran atención en centros especializados.
Existen pocas contraindicaciones absolutas para el transporte aéreo, siendo en su mayor parte relativas y dependientes de la correcta evaluación del equipo medico:
- Paciente en paro cardiorrespiratorio o enfermedad terminal
- Paciente con agitación psicomotriz no controlable
- Paciente que se rehusa al transporte medico aereo
- Paciente inestable que requiere de un procedimiento (ejemplo: laparotomía) que puede ser realizado en el hospital de referencia.
- Pacientes contaminados con sustancias peligrosas: radiación, tóxicos, etc.
- Tiempo de transporte terrestre igual o menor que el tiempo de transporte aéreo
- Enfermedades activas no tratadas que podrían poner en peligro a la tripulación
- Neumotórax no resuelto
- Hemoglobina menor a 7gr/dl
La adecuada evaluación del paciente critico y el conocimiento de los efectos y cambios fisiológicos durante el aerotransporte, las indicaciones, contraindicaciones, ventajas y desventajas ayudan a definir que paciente critico se beneficia con este tipo de transporte. Esperando que esta pequeña revisión sea de utilidad para quienes estamos interesados en la aerotransportacion.
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